Homilía Solemnidad Sagrado Corazón de Jesús

Homilía Solemnidad Sagrado Corazón de Jesús – Religiosas Familia de Corde Jesu
Irapuato, México, 23/junio/2017 – con la Consagración Perpetua de 5 Junioras

“El amor del Señor permanece para siempre.”
Estamos celebrando al Sagrado Corazón de Jesús. Estamos celebrando el infinito amor de Dios por nosotros, ‘su eterna misericordia, que llega a sus fieles de generación en generación’. Lo hacemos en esta Casa Madre de la querida Congregación de las Religiosas “Familia de Corde Jesu”, nacida el 19 de enero de 1903, fundada por la Madre Magdalena de la Reparación Vargas Galeana, con su tierno amor y deseo de ofrecer su vida y obras en reparación de los pecados del mundo.

“El amor del Señor permanece para siempre.” Las palabras de Moisés al pueblo en la lectura del libro del Deuteronomio (7) resuenan de modo muy especial en el ‘aquí y ahora’, cuando 5 Junioras que han hecho camino en la Congregación realizan su Consagración Perpetua. Sí, queridas hermanas, escuchamos junto a ustedes: ‘Tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios: Él te eligió para que fueras su pueblo y su propiedad exclusiva entre todos los pueblos de la tierra. El Señor se prendó de ustedes y las eligió…’ Podemos repetirlo en nuestro interior: ‘Yo… un pueblo consagrado al Señor… me eligió para que fuera su propiedad exclusiva… se prendó de mí…’ Mi pobreza, castidad, obediencia, son respuesta de amor a Él.

Entonces hoy es un día para sentir conmoción y mucho gozo. Cómo no conmovernos ante el Señor ‘que ha mirado con bondad la pequeñez de su sierva’, y ‘estremecerse de gozo en Dios nuestro Salvador’ (cfr. Lc 1,46-47), con palabras de María Santísima en el Magnificat. El Evangelio según san Mateo (11) nos trae también a Jesús exultante: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños… porque así lo has querido”… ‘Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra…’ Una Religiosa de la Familia de Corde Jesu es una mujer conmovida por el amor de Dios, que se goza en ‘ser de Él’ y así obrar como ‘discípula misionera’.

Hoy es un día para agradecerles también a ustedes -queridas hermanas- por su discernimiento y aceptación. Me viene a la memoria una homilía del recordado Papa San Juan Pablo II acerca de la ‘Virgen fiel’… señalando que esa fidelidad se compone de ‘búsqueda, aceptación, coherencia y perseverancia’. Sí, ustedes, como la joven Virgen de Nazaret y ayudadas por Ella, al ir sintiendo el llamado de Dios ‘se habrán preguntado qué podía significar ese saludo’, y fueron de alguna manera escuchando aquellos mensajes de Dios: ‘No temas… El Espíritu Santo descenderá sobre ti…’, y entonces llegan para esta solemne celebración con aquella madurada respuesta: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1, 26-38)… ¡Ha ganado el Amor! ¡Ha ganado Dios!, y se abrirán puertas, y se recorrerán sendas llevando la Buena Noticia de Jesús, alegrando a los pobres, siendo cooperadoras para la salvación y vida más plena de muchos. Recuerden siempre que Cristo ha querido ser amado y servido en los hermanos, especialmente en los que sufren.

“El amor del Señor permanece para siempre.” Muchas gracias, queridas Religiosas, por estar en la ruta de Jesucristo, de su seguimiento en santidad, en la ruta del más grande amor que trae a la comunidad humana su mayor beneficio y nos lleva a culminar en la eternidad del cielo prometido. Se señala en la primera carta de san Juan (4): “amémonos los unos a los otros… el que ama ha nacido de Dios… envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de Él… envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados…” Entonces, junto a Él, brillará el ‘Amor y Reparación’… vuestro lema, vuestro carisma, vuestro anhelo y empeño para la necesaria y hermosa radicalidad de nuestra Iglesia… “porque la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Lg 1). Una Religiosa de la Familia de Corde Jesu es, debe ser, un ‘signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano’. Su oración profunda y su amor ardiente se espera que sobresalgan como evangelizador testimonio en un mundo de ‘cultura líquida’, de ‘indiferencia y descarte’. ¡Sólo la caridad salvará al mundo!

‘Amor y Reparación’. En estos días previos hemos podido nutrirnos al respecto con la reciente celebración de los 100 años del acontecimiento de Fátima, donde la Santísima Virgen María se manifestó a aquellos niños pastorcitos… ya declarados Santos Francisco y Jacinta por el Sumo Pontífice, y la Hermana Carmelita Lucía en proceso de estudio para la Beatificación… Escuchemos una parte de la narración de aquel 13 de mayo de 1917, tomada de las ‘Memorias de la Hermana Lucía’. Dice: “Estando jugando con Jacinta y Francisco… llevando las ovejas en dirección del camino… vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol… Nos detuvimos sorprendidos por la aparición… nos dijo: “No tengáis miedo… ¿De dónde es Ud.?, le pregunté… Soy del cielo… ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de reparación por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?… Si queremos… Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza… Rezad el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo…”

¡Qué conmovedor! Estos niños pastorcitos son ejemplares en fe para escuchar y seguir las indicaciones para su vida cristiana, ejemplares en abnegación para sacrificarse por la salvación de los demás, ejemplares en valentía para resistir todas las contrariedades que se les oponían, en perseverancia para llegar a entregar sus vidas con inmenso amor y confianza en su llegada al cielo… Y la pregunta de la Santísima Virgen podemos percibirla también reiterada ‘aquí-ahora’ y respondida por las Hermanas Religiosas de la Familia de Corde Jesu: “¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de reparación por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores? Si queremos…” Gracias, muchas gracias por vuestra fe, coraje, magnanimidad, disponibilidad para el plan misterioso de Dios.

Podemos decir, pues, que ‘vuestro carisma es universal’. Surgidas en el corazón de la querida nación mexicana, están llamadas a ser parte de esta ‘Iglesia en salida’ que tanto anima nuestro querido Papa Francisco… ¡en muchos lugares se les espera! Personalmente puedo dar testimonio de la preciosa presencia evangelizadora que ustedes han cumplido y siguen cumpliendo en mi Patria chilena. Estoy aquí en primer lugar por regalo de la misericordia de Dios y cariño de nuestra amada Madre, la Virgen Santa María de Guadalupe. Pero junto con ello estoy aquí porque algunas de vuestras hermanas de la Familia de Corde Jesu han sido especiales instrumentos del amor del Sagrado Corazón de Jesús durante mi vida… Sí, aquellas Religiosas que llegaron a fundar en la Diócesis de Valparaíso adonde yo era Obispo Auxiliar, y que después de mi traslado a la Diócesis de Iquique me animaban a pedir fundación allí… Estoy aquí porque una anterior Superiora General, la querida Madre María del Socorro, fue a ese necesitado norte de Chile y tuvo el alto espíritu sobrenatural para decidir con diligencia enviar una comunidad para allá… Estoy aquí porque entre esas Hermanas estaba la querida Madre María de la Luz Banda Martínez, vuestra actual Superiora General, quien se entregó a la misión en sectores muy necesitados de manera ejemplar, con testimonio de mujer consagrada profunda y generosa, abnegada y leal; continuando en la actualidad el fraternal contacto con ella y ustedes, que a la distancia me apoyan con sus valiosas plegarias y estímulo. ¡Gracias!, ¡muchas gracias!, queridas Hermanas de la Familia de Corde Jesu.

“El amor del Señor permanece para siempre.” Queridas ‘nuevas consagradas’: sean ustedes fieles seguidoras de este precioso espíritu de vuestra Congregación. Para la Semana Santa recién pasada el Papa Francisco invitó a los jóvenes a no preguntarse tanto ‘quien soy yo’, sino ‘para quien soy yo’… es decir concebir nuestra vida como un don para los demás, para una misión… ustedes -según vuestro carisma- en el Sagrado Corazón de Jesús, llegar a ser hasta una “víctima propiciatoria por nuestros pecados” (1Jn 4)… Amar, Reparar, Orar, Servir, como los grandes apóstoles compartiendo sufrimientos y esperanza, en esa comunidad fraterna que necesitamos y nos necesita.

Les recuerdo en este día tan significativo unas palabras de la santa Madre Teresa de Calcuta: “Lo que tú haces yo no puedo hacerlo, y lo que yo hago tú no puedes hacerlo, pero juntos estamos haciendo algo hermoso para Dios, y esa es la grandeza de Dios por nosotros -darnos la oportunidad de ser santos a través de las obras del amor que realizamos, porque la santidad no es el lujo de unos pocos. Es una tarea sencilla para ti, para mí- tú en tu lugar, en tu trabajo, y yo y los demás, cada uno de nosotros, en el trabajo, en la vida es donde hemos prometido honrar a Dios… Tú debes llevar tu amor por Dios a la vida… Y continúa la Santa de Calcuta, “La confianza en Dios lo puede todo. Lo que Dios necesita es nuestro vacío y nuestra pequeñez, no nuestra plenitud. Dirígete a Jesús con gran confianza y déjate a ti mismo ser amado por él. El pasado pertenece a su misericordia, el futuro a su providencia y el presente a su amor”…

Mucho ánimo, muchas bendiciones, queridas Religiosas de la Familia de Corde Jesu: sigan amando de todo corazón a la Santísima Virgen María, la Madre del Amor Hermoso. Que Ella continúe amparándoles y guiándoles siempre. ‘El siervo de María nunca perece’, repite la tradición. ¡La consagración y misión nos llena el alma! y ¡el cielo eterno nos espera! Amén.